Resoluciones de Año Nuevo

Cinco, cuatro, tres, dos, uno…. ¡Feliz Año Nuevo! Besos, abrazos, fuegos artificiales, cohetes…Todos nos deseamos buena suerte. Todo el mundo está emocionado. La Nochevieja y el Año Nuevo son momentos de diversión, pero también es el tiempo para los nuevos propósitos.

La Nochevieja y el Año Nuevo se asocian principalmente con la diversión. Es el momento en el que queremos ir a una estupenda fiesta y pasar un buen rato. Para algunas personas es también un tiempo de hacer resúmenes y sacar conclusiones.

El Año Nuevo nos da una medida del tiempo que pasa. Es una separación simbólica entre lo que ya ha sido y lo que no podemos cambiar, y el futuro, es decir, aquello en lo que tenemos influencia. Este es el momento perfecto para hacernos la pregunta: ¿qué vamos a hacer con nuestras vidas? ¿Cómo utilizaremos el tiempo que nos ha sido dado? ¿Qué vamos a hacer con nuestras vidas el año que acaba de empezar?

Si nos encontramos entre las personas que hacen propósitos de Año Nuevo, normalmente decidimos perder peso, comprar un vestido nuevo, ir a unas vacaciones de ensueño, mejorar nuestra situación financiera o nuestras relaciones con la gente, etc. Más bien nos enfocamos en el lado material de nuestra existencia, ignorando completamente nuestras necesidades espirituales.

La mayoría de nosotros nos identificamos con el cuerpo físico. Pensamos: «Yo soy el cuerpo. Si hago feliz al cuerpo, me hago feliz a mí mismo.» Y estamos planeando comprar un apartamento cómodo o un coche nuevo, planeamos vacaciones en países exóticos, ir al gimnasio, tal vez planeamos aumentar la familia. Podemos pensar: si tan sólo tuviéramos más dinero, si tan sólo nos convirtiéramos en gente famosa, cantantes, viajeros, nuestra vida sería realmente feliz. Pero preguntémonos: ¿la pérdida de esos cinco kilos nos hará realmente más felices? ¿Un viaje de ensueño alrededor del mundo nos hará sentir realmente llenos? ¿Comprar un vestido o un coche nuevo nos dará plena satisfacción? Podemos pensar que sí. Pero cuando logramos esta meta deseada, la disfrutamos por un tiempo y luego empezamos a sentir dentro de nosotros mismos que lo que hemos logrado todavía no nos satisface, que todavía nos falta algo. Y con un poco de celos miramos a aquellos que aparentemente lo tienen todo. ¿Pero son felices? Miramos las revistas y leemos nuevos artículos que revelan la adicción al alcohol o a las drogas de gente famosa, bella, rica y talentosa. Otra vez alguien traicionó a alguien, engañó a alguien, otra vez alguien tiene una crisis nerviosa. Así que no tenemos que llegar a la posesión de toda la riqueza del mundo nosotros mismos para poder ver que ¡ESTO NO FUNCIONA!

Si la filosofía que proclama que somos el cuerpo y que la satisfacción de nuestros sentidos nos hace felices fuera cierta, entonces el mundo entero estaría lleno de gente feliz. Una vida centrada en la satisfacción de los sentidos conduciría entonces a la felicidad y la satisfacción. Pero las observaciones que realizamos indican que no es así.

Ninguna cantidad de bienes materiales es capaz de satisfacernos plenamente, de proporcionarnos felicidad eterna. No queremos decir que las vacaciones en países cálidos son malas y no nos dan placer. Sí, son agradables. Sin embargo, por favor, no confundamos un placer instantáneo, un destello momentáneo a sabor de helado de vainilla en nuestra lengua con un estado interno de felicidad espiritual que nos llena y satisface de forma permanente.


Categories: Meditación

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